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CONOCE VILAFLOR DE CHASNA

AGRICULTURA

 

UN PAISAJE DE JABLES

 

 

En el archipiélago canario, a pesar de ser unas islas de reducida superficie, se ha ido conformando una pluralidad de espacios agrícolas que le otorgan una enorme y, a la vez, singular riqueza agropecuaria

En los últimos treinta años se han venido produciendo una serie de transformaciones tanto en la agricultura como en el conjunto de la economía de Canarias. Estos cambios han modificado en gran medida los paisajes agrarios tradicionales (de forma negativa por el progresivo abandono de las tierras y positiva por la introducción de nuevas prácticas agropecuarias).

Desde el siglo XIX se han venido utilizando en la agricultura canaria los depósitos de piroclastos ácidos o tobas pumíticas, procedentes de erupciones volcánicas altamente explosivas. En las medianías del sur de Tenerife. La escasez de suelos aptos para el cultivo se solventó, en parte, gracias a la gran abundancia de dichos depósitos, dando lugar al paisaje agrario de los enarenados artificiales de los jables, que es el nombre local con el que se conoce a los piroclastos ácidos.

 

Antes de que se produjeran los alumbramientos de agua en las décadas de los treinta y cuarenta, del pasado Siglo XX, se produjo un aprovechamiento directo sobre una amplia superficie de terreno en la que básicamente las tierras de cultivo sorribadas fueron pumitas más o menos mezcladas con los escasos suelos disponibles

En las medianías altas (entre los 700 y 900 m) se desarrolló este cultivo directo sobre jable que originó un paisaje agrario de secano constituido por miles de pequeños canteros de colores blanquecinos que se distribuían por la vertiente de sotavento de la isla. Aquí se instauró un policultivo (cereal, legumbres, papas, viña, frutales, etc.) en el que la papa fue haciéndose predominante a medida que se fue convirtiendo en un producto agrícola de exportación

Concluida la Segunda Guerra Mundial, comenzaron los trabajos de construcción del terrazo agrícola de los enarenados de los jables modernos, prolongados hasta los años setenta, y cuya pervivencia actual más importante ha quedado reducida al municipio de Vilaflor, los beneficios comerciales obtenidos por la cosecha de papas, destinada primero al mercado británico y hoy al mercado regional, han especializado el paisaje agrario en el monocultivo de este tubérculo.

CULTIVO DE LA VID

 

Actualmente, Canarias cuenta con alrededor de 15.000 hectáreas de viñedos que producen unas 30.000 toneladas de uva al año. Además, se cuenta con denominaciones de origen reguladas por los consejos reguladores que han llevado a la consecución de numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales de los vinos canarios.

Por lo que se refiere a Vilaflor, la comarca cuenta con 400 hectáreas de viñedos que producen sus caldos bajo la denominación de origen de Abona. La vid ocupa en Canarias terrenos de secano donde otros cultivos no serían posibles, desde los 100 hasta los más de 1.500 metros de altitud, sin mermar los escasos recursos hídricos de las islas, siendo, por tanto insustituible.

Desempeña además un papel destacado de mantenimiento de los ecosistemas en laderas de medianías de fuertes pendientes, evitando la erosión y desertización, y prestando además una gran belleza al paisaje.

En numerosas zonas, como es el caso del municipio de Vilaflor, el viñedo es un cultivo ecológico, que sólo necesita de algunos tratamientos fungicidas a base de azufre o azufre-cúprico en espolvoreo.

BODEGAS

 

En los últimos años ha proliferado notoriamente el cultivo de la vid en el municipio. Gracias a su clima, altura… se ha convertido en un lugar inmejorable para obtener vinos de alta calidad.

 

Siglo XV:

Los europeos trajeron la vid a lo largo del siglo. Se tiene noticia de que la primera viña de Tenerife fue plantada por el portugués Fernando de Castro, en el año 1.497. Las islas orientales (Lanzarote y Fuerteventura) fueron conquistadas casi un siglo antes por Juan de Bethencourt, por lo que el origen de las vides en aquellas islas probablemente sea francés.

 

Siglo XVI:

El vino de Canarias adquiere calidad y prestigio, hasta el punto que desde principios de siglo comienza a ser exportado, a Madeira en 1.515, a Jerez en 1.517 y a Inglaterra en 1.519. En 1.573 el Rey Felipe II recibe un informe sobre la actividad vitícola de las Canarias. Este auge se debe fundamentalmente a tres hechos: La vid es un buen cultivo sustitutivo para la caña de azúcar, cuyo mercado estaba siendo copado por la masiva producción de América. La alta calidad del vino dulce de malvasía, conocido como “Canarias” o “Canary”. La facilidad para la exportación que las islas tenían, dada su estratégica situación en el tránsito de navíos entre tres continentes, Europa, América y África.

Siglo XVII:

Comienza la decadencia del vino Canario. En 1663 Inglaterra establece la Staple Act, que acaba con el suministro de vino a las colonias inglesas; la sustitución del malvasía por el oporto y el madeira conducen a una presión aduanera sobre el malvasía que en 1700 alcanza el 50% del valor de la pipa, lo que le permite a Inglaterra suministrarse en un mercado, el lusitano, donde su balanza favorable es desproporcionada. (A.de Bethencourt Massieu). A lo largo del siglo los ingleses, valedores en principio del comercio con Europa y América, tratan más tarde de implantar un monopolio comercial con los vinos Canarios. Esta pretensión provoca conflictos que alcanzarán su máxima expresión cuando un grupo de personas derrama el vino de las bodegas inglesas en el puerto de Garachico, en 1.666.

Siglo XVIII:

Las relaciones comerciales con los ingleses dificultaban el que anteriormente había sido un floreciente mercado. A este hecho se sumó a principios de siglo un hecho inesperado: el 5 de Mayo de 1.706 el volcán de Garachico entró en erupción, sepultando el puerto. Esto dificultó aún más las exportaciones, al haber quedado inutilizado el puerto de mayor tráfico de la isla de Tenerife. Hubo de pasar algún tiempo hasta que los puertos de Puerto de la Cruz y Santa Cruz tomaran el relevo de Garachico. No obstante, los vinos de Canarias siguen siendo muy apreciados. El Rey Carlos III concluía sus banquetes brindando con un “Canarias”.

Siglo XIX:

La decadencia del mercado vinícola se consuma con dos enfermedades aparecidas a lo largo del siglo: el oídio, en el año 1.852 y el mildio en 1.878. A pesar de que Canarias nunca padeció otra gran plaga mundial, la filoxera, el daño producido por aquellas enfermedades, junto con las dificultades comerciales, produjeron la muerte de este sector económico hasta el último tramo del siguiente siglo.

 

Siglo XX – XXI:

El vino es producido para consumo local fundamentalmente. A partir de 1.985 se crean las Denominaciones de Origen , en un intento de regular la producción de vino y aumentar su calidad, no sólo en Tenerife sino en casi todas las islas del archipiélago, alcanzando gran reconocimiento y numerosos premios en las diferentes ferias nacionales e internacionales.

DOMINACIÓN DE ORIGEN – ABONA

 

Abona, con once bodegas acogidas al Consejo, está ubicada en la zona sur de Tenerife, en el área más soleada y con menor pluviometría de la isla. Abarca los municipios de Adeje, Arona, Vilaflor, San Miguel, Granadilla, Arico y Fasnia, con salida al litoral, donde se obtienen uvas con mayor grado alcohólico. En el término de Vilaflor, más al interior, se registra el viñedo más elevado de Europa, que llega a alcanzar los 1.600 metros de altitud.Esta zona se caracteriza por sus tierras negras. El cultivo se hace en forma de vaso irregular, las producciones son bastantes bajas y, por tanto, de buena calidad. Las condiciones de esta Denominación, con la posibilidad de combinar uvas cultivadas a muy diferentes altitudes, permiten homogeneizar el grado alcohólico.

Existe una franja baja, situada entre los 200 y 600 metros, donde la viña se cultiva en parrales. Allí la producción es mayor y la calidad ligeramente inferior. Las variedades de uva dominantes de la zona son la listán blanco, que ocupa el 80 % del viñedo y la listán negro, que cubre la superficie restante.

 

Tal y como sucede con las demás zonas de Tenerife, el gran número de bodegas que embotella parece haber surgido por generación espontánea gracias al buen momento que atraviesa el vino canario, fundamentalmente por la demanda interna. La moderna tecnología se ha impuesto en sus bodegas, contando con excelentes sistemas de producción, estabilización y embotellado.

ARTESANÍA

 

Vilaflor es un municipio con una larga tradición artesana. Destacan labores de gran delicadeza como el punto de aguja y la roseta, que las expertas manos de las artesanas chasneras han ido trabajando y desarrollando durante muchos años.

El trabajo de las rosetas requiere de otras labores también artesanales como son:

 

  • La elaboración de los piques: pequeña almohadilla con unos 5 cm de relleno, forrada en tela por los costados y con la tapa de piel donde se clavan los alfileres, en los que luego se enhebra la roseta.

 

 

  • La tarea de unir las rosetas formando centros o paños en los que también se empleaba el punto de nudo, una de las variantes del “punto de aguja”.

Es un honor para el Ayuntamiento de Vilaflor poder contar todavía con artesanas como Clara Cano Quijada, la más veterana de nuestras roseteras, (que ha sido galardonada con el Premio a la Conservación del Patrimonio Agrario y de las Tradiciones Rurales de Tenerife 2010, que concede la Fundación Canaria Tenerife Rural, patrocinada por el Cabildo Insular), con Candelaria Fumero, Fredesvinda Hernández López, Rosa María Dorta Fumero, María Dolores y Ana Belén Cano Quijada…nuevas generaciones de jóvenes artesanas que se dedican a mantener vivo el oficio de las roseteras.

Aún así tenemos que asumir el compromiso de crear escuela, para recuperar y asegurar la continuidad de esos oficios artesanos que forman parte da la historia y la tradición de nuestras islas.

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